sábado, 25 de abril de 2009

Confesiones de San Valentin



Con el espíritu arrodillado ante el desacierto de mi existencia recojo los despojos de amor que , caen dispersos en el vacío de la habitación.

Como un cristal besado fuertemente por pedrada de precarista hambriento se rompe mi esperanza mientras, Dalí derrite el tiempo a su mejor estilo para que, el pasado tenga oportunidad de escupir y patear mi rostro, mientras recojo salpicaduras de pasión.

Nada hay para mañana todo es ahora;como decir, existo hoy. Hoy confieso mi castigo y recibo equivocaciones.

Ahora mismo me deslizo tres cuadros de mosaico hacia la derecha y retrocedo súbitamente, pues no puedo ir a ningún lado. Dalí me retiene. Hecho raíces, pájaros que son serpientes construyen nidos en mi cabeza, nidos que son galaxias.

Existo ahora y recuerdo, recuerdo mi primavera gloriosa, recuerdo mis labios siendo quemados y devorados por la ninfa de cabellos negros y lisos con sonrisa de mujer amando. Recuerdo, solo recuerdo y confieso que, recordar me alivia la vida, me cura las heridas causadas por los leopardos azul violeta que subieron a jugar con los pájaros que son serpientes. Recuerdo y vivo porque olvidar es homicidio mas bien parricidio.

Confieso que, he amado, confieso que soy culpable, confieso que flagelé mi alma hasta que lloro e imploro por su existr; la obligue a querer y desear, la torture hasta que me hizo decir: “ te amo”.

Dos y dos son cuatro; pero esa no es mi lógica dos y dos son demasiados, uno y uno ya no es nada, uno y el otro están devaluados como la última palabra que pronuncio mi alma mártir.

No puedo moverme entonces sueño, no duermo para soñar lo que deseo vivir. Sueño La Primavera, no mi primavera gloriosa, sueño la Primavera de Botticelli; la de verdad, la que mata, la primavera que acosa mi espíritu arrodillado y confieso que me enamoro de Venus, de sus labios de sus manos, la amo idílicamente, acaricio sus mejillas froto la seda de su vestido, acaricio sus pechos, lamo el sudor de su cuello, bebo el néctar embriagante de sus besos y muerdo suavemente su cuello mientras me burlo de Dalí.

Durante el paso de dos cometas que es mucho tiempo, como treinta segundos ame a Venus, fui poseído por Céfiro y embarazó mi alma agonizante. Por treinta segundos fui Edipo.



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